Partiquino reflexiona sobre las maneras de narrar de los escritores del “Boom latinoamericano”, quienes abandonando la forma común del orden, comienzan a intercalar narraciones, dificultando en alguna medida la lectura lineal. Para el autor, esta estrategia, aunque activa lo sensorial, disminuye el trabajo intelectual, por lo que pone en cuestionamiento la eficiencia real de esta técnica.
En un repaso por la historia y el éxito de la revista Playboy, Partiquino asocia su innegable éxito tanto al ámbito sexual que lo compone, como al literario. Si bien todos inician en su adquisición por las mujeres que en ella se exhiben, posteriormente pueden adentrarse en el sector cultural que también atrae a sus lectores. El autor reconoce el éxito y el valor de la revista, pero al mismo tiempo admite que la perfección con la que se ilustra a las mujeres las aleja de lo imperfecto de lo realmente sexual, otorgándoles un carácter ornamental.
La censura ha operado continuamente durante toda la historia, tanto el cine, literatura, tv y en todo ámbito cultural, social y político. Es sobre esto que Partiquino hace una reflexión, al mismo tiempo que una crítica, pues no es sabido que no siempre opera correctamente. El intento por ocultar aspectos de la vida que moralmente no son aceptados, ha facilitado en muchos casos, su difusión, y es justamente esto a lo que alude el autor, pues pese a los intentos por censurar, la verdad suele escarbarse de todos modos en la realidad.
Desde los iniciales intentos de los pintores por retratar fielmente al modelo, hasta la imposibilidad de la fotografía de conseguir un reflejo fiel a la realidad. Los intentos contrarios de unos por retratar, y otros por crear una imagen de sí, se oponen durante toda la historia. Partiquino, con un poco de humor, recuerda al lector cómo el insaciable ego de cada uno y cada una, ha perseverado por recrear en una imagen la idealizada mirada que se tiene de uno mismo, y cómo frente a la dificultad de conseguirlo, todos solemos frustrarnos.
Partiquino en esta reflexión, escribe sobre los talleres literarios y su importancia sustancial en la formación de los escritores, de quienes es sabido, no se construyen sólo de la deseada inspiración. La formación escritural no es tan sencilla, y para quien tiene una buena idea, el ser apoyado o apoyada con conocimientos y disciplina, puede elevar su desarrollo y convertirlo en un gran artista. En esto, los talleres literarios han sido de gran ayuda, y pese a haberse formado no sin prejuicios, la historia ha demostrado que han dado grandes resultados.
A partir del proverbio chino que indica que cada ser humano antes de morir debe plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo, Partiquino reflexiona sobre cómo algunos de estos objetivos han fallado. En particular, el caso del libro ha sido conflictivo, donde muchas historias han ido a parar a las librerías de viejo, donde va a parar gran parte de la vida de las personas que, expresadas en lo material, son abandonadas en estos espacios. Los intentos por trascender del ser humano han sido variados, sin embargo, para el autor, el fracaso de escribir un libro es el más gráfico.
Intentando comprender la naturaleza del chileno, Partiquino da cuenta de la forma en que es sumamente sobrio respecto al resto de los países latinoamericanos, que brillantes y relucientes en color, dan a conocer todo su florecimiento, mientras que Chile, prefiere abstenerse de esta explosión. El autor establece que el chileno prefiere lo opaco, evita el ridículo y se mantiene en una zona de confort que lo limita a traspasar los límites de la expresión.
El descubrimiento de la ópera para Partiquino fue a través de Gian Carlo Menotti, y desde ahí, el autor ha podido interiorizarse con la euforia que genera esta pasión. La poca valoración que tiene la innovación en esta escena, y las dificultades para perdurar con lo experimental, lo hace comparable en cierta medida, para Partiquino, con el tango. Sin embargo, se abstiene de asegurar esta afirmación, y concluye con humor, insinuando que probablemente luego lo veten del Teatro Municipal.
Muchas veces, las visitas al museo no son agradables ni placenteras para gran parte del público, sin embargo, sí encuentran satisfacción en contar que estuvieron ahí. Sobre esto, Partiquino establece una reflexión donde se presentan dos situaciones, por una parte la mencionada anteriormente, y por otra, la sensibilidad de encontrarse frente a frente con una obra que muchas veces conecta con el artista y el espectador. Sobre ambas experiencias, Partiquino propone una muestra de humor y realidad.
En esta reflexión, Partiquino aborda un tema que por años ha sido contingente en varias partes del mundo, y este es sobre la inmigración. La conformación de todas las naciones ha sido en parte, por el incremento de inmigrantes que buscando una mejor vida, deciden dejar su país. Es justamente sobre esta decisión en la cual se enfoca el autor, quien comprende la dificultad de dejar la patria, y de encontrarse en un espacio totalmente nuevo. Sin embargo, destaca la familiaridad con la que son recibidos, e invita a mantener esta actitud con los nuevos residentes de un país en constante cambio.