Mediante la advertencia que sostiene el título, Partiquino revela una de las características principales de los artistas: movilizar a la gente. En este resultado que, como menciona el autor, en el caso de Richard Wagner se expresó en el nacionalismo y el antisemitismo, se encuentra una de las principales advertencias respecto a los artistas. En el caso de Wagner, la transmisión de un pensamiento que ahora podemos denominar nazi, será la pista que guiará a la influencia de los artistas en el pensamiento de la población.
A través del característico humor de Partiquino, este recuerda la trágica historia de aquellos libros que, confiados, hemos prestado y jamás han sido regresados. El valor que subyace en cada uno, y el interés por encontrar un interlocutor con quien comentar sobre ellos, es una de las principales motivaciones que, declara Partiquino, nos llevan a cometer este acto con previsibles resultados. Al final, deja un reproche y una pregunta para aquel que no le ha devuelto un ejemplar de Aldous Huxley que alguna vez prestó.
Las ideas que emergen para los juegos de los niños ya no son lo mismo según Partiquino, pues sus observaciones también están cambiadas por el cine y la televisión. Si antes los niños creaban historias a partir de lo que veían a su alrededor, en el contexto de escritura de Partiquino esto se hace desde las imágenes otorgadas por los medios audiovisuales. Sin embargo, el humor también se hace parte de esta crónica, de la cual el autor desprende una ironía final.
En la insistente distancia que se ejerce entre los usuarios y las obras de arte en los museos, Partiquino manifiesta su interés por un lugar particular en el que este espacio se difumina: el Museo de cera de Hollywood. Para el autor, la forma en que se experimenta el arte es fundamental para su valoración y acercamiento, y es de lo que carecen gran parte de los museos en el mundo. Con humor, cuenta cómo este tema se atrajo a su mente a partir de la conversación con amigos.
A partir del antiguo refrán ‘zapatero a tus zapatos’, Partiquino reflexiona sobre el origen y significado de este, haciendo también un análisis de sus alcances y la forma en que constantemente se generan enfrentamientos entre distintos oficios. Para el autor, debiera ser premisa obligatoria en la constitución de cada país este refrán, desde el cual se evitarían grandes problemas tanto sociales como políticos.
A partir de una situación anecdótica del autor, donde viajando, se encuentra con la señalética de un pueblo que hacían llamar ‘pintoresco’, manifiesta su disconformidad con la etiqueta señalada. Con la mirada desafiante de los habitantes, el autor se da cuenta de la necesidad de descubrir su entorno bajo su propia perspectiva, y limitar las mediaciones mercantiles de las agencias de turismo, que invadiendo algunos sectores, no son capaces de hacer justicia al carácter de cada lugar.
La manera en que la sociedad se relaciona con los artistas, está reflejada tristemente en la valoración que hacen de estos. Partiquino hace notar que, el principal interés que surge hacia los artistas, es en situaciones de candidatura o propaganda, evidenciando la poca intención de remunerar su arte. El erro del artista, está en creer que estos apoyos serán fructuosos para su impulso, sin embargo, establece Partiquino, que de los artistas sólo se hace un uso práctico, dejando de lado, lamentablemente, su real valor.
Partiquino, en esta crónica, critica la manera en que las obras del canon son comparadas constantemente con aquellas que no logran entrar a él. La insistencia del público por ver una obra que se asemeje a las ya vistas, genera competencias que desacreditan a los artistas que, siendo traductores de otras épocas, no se asemejan a los logros cometidos por sus antecesores. Para el autor, entender esta diferencia es fundamental para interiorizarse también con lo nuevo, sin descartar el valor del pasado.
En una reflexión sobre la puntualidad y la impuntualidad en Chile, Partiquino aborda con humor la manera en que en este país la tardanza a los compromisos es parte de la idiosincrasia de la sociedad. Las diferencias que hay con otros territorios respecto a la puntualidad, se detienen en Chile, lugar en el cual es comúnmente conocido que ser impuntual no es un defecto, sino prácticamente una virtud. Intentar enseñar esto a un extranjero no es tan fácil, pero probablemente no es sencillo entenderlo si quiera para un chileno.
Los límites entre la ficción y realidad son traspasados constantemente por nuestro deseo de pertenecer o reflejarnos en aquellos espacios que los autores crean con tanta imaginación. Partiquino reflexiona sobre esto, y sobre la insistencia que tenemos como seres humanos de añadir algo de realidad a la fantasía, otorgando una gran dosis de emoción y estremecimiento a la experiencia. Desde los lugares hasta los personajes, este quebradizo límite es puesto en juego mediante novelas como ‘Cien años de soledad’ de García Márquez, o incluso ‘Don Quijote de la Mancha’ de Cervantes, donde actualmente, el lucrativo negocio ha permitido a los hombres más ambiciosos configurar espacios donde aseguran, estos personajes vivieron o anduvieron. Esta curiosa actitud, será repasada con algo de humor por Partiquino.