En esta reflexión, Partiquino inicia desde el encuentro con un amigo escritor, el que, enojado por la insistencia de sus amigos para que escriban sobre sus vidas, los frena en seco, y molesto, cuenta al autor sobre la verdadera profundidad del ejercicio de escribir. El escritor, expresa cómo cada autor, al escribir, se inspira en los aspectos más vulnerables de su vida o del mundo, cómo se ‘vacía por dentro’ y deja relucir sus más oscuros fantasmas. Esta revelación, no es la máscara que cada amigo que recomendaba su vida para una historia, mantenía frente a sí y para el mundo, sino que es un enfrentamiento real con nuestro propio lado ‘malo’ interior, aquel al que no solemos mirar.
A partir de la entrega del Premio Nobel de Literatura al escritor Isaac Bashevis Singer, Partiquino aprovecha de mencionar tres de los consejos fundamentales que Bashevis Singer propone para un incipiente escritor, de los cuales el más fundamental será escribir bajo una ferviente e inevitable pasión. Este consejo será apropiado también por Partiquino, quien expresa la imponente necesidad de que todo ejercicio literario sea creado al amparo de esta clara seguridad.
En esta reflexión, Partiquino recuerda tres ciudades imponentes por sus alrededores amurallados y que por cada una, se cuenta una historia. Cartagena de Indias, Toledo y Dubrovnil, son ciudades que han merecido el reconocimiento de sus poetas, artistas y e historiadores, y que por sus particulares características encantan a todos, incluso hasta el día de hoy.
El tren como medio de transporte, ha sido reemplazado paulatinamente por otras máquinas más modernas que amplían las posibilidades de llegada. Partiquino en esta crónica, cuenta cómo su tío Leonardo, fanático de los trenes, optó decididamente por no viajar en otro medio hacia el extranjero que no fuera un tren. Su decisión, motivada y argumentada por la naturaleza del ser humano, otorga a este capricho la encantadora atmósfera de un espacio en el que suceden las más venturosas historias, y a las cuales Partiquino destaca, mostrándose en acuerdo con la magia que emite el tren.
Con el humor característico de Partiquino, el autor reflexiona sobre el éxito de John Travolta y el giro a la visión que hasta entonces se mantenía sobre el baile. La soltura del actor, ha permitido que los más reprimidos puedan adecuarse y sentirse libres de expresar su identidad como bailarines. El autor propone y explica que la relación con el baile ha mutado hasta llegar a un punto más amable, donde cada cual puede hacerlo a su gusto, sin demasiadas reglas o parámetros.
La propuesta en esta reflexión de Partiquino, estará enfocada en la construcción y valorización del teatro chileno. La opinión general suele entender al teatro como algo efímero y pasajero en los efectos que provoca en la gente, sin embargo, el autor establece que distinto a esto, la renovación y la constancia del teatro chileno será lo que otorgue a la larga una propia tradición e identidad a su articulación.
Cuando cada uno, o cada una trabaja en lo que le gusta, el esfuerzo por conseguir la perfección, o por acercarse a ella, es mayor. En esta crónica, Partiquino escribe sobre un breve momento en que comparte con su jardinero, las ganas y la inquietud por lograr un buen trabajo en lo que cada uno hace. En este diálogo, el autor empatiza con el jardinero, de quien aprende que ambos, y probablemente todo quien haga lo que ama, desea hacerlo bien, y obtener el reconocimiento de quien lo evalúe.
Con el humor característico de Partiquino, en esta crónica hace un intento por contrariar las aseveraciones de Tolstoi que, machistas, establecía sobre el comportamiento de las mujeres. Mediante una breve simulación de un encuentro y una conversación con Tolstoi, el autor crea una situación en la que es capaz de demostrarle su error al escritor ruso, tratando de revelar las verdaderas intenciones de las mujeres respecto a tu vanidad.
En esta crónica, la reflexión de Partiquino se enfoca en el inevitable paso del tiempo, y cómo se suele decir que este todo lo cura. Varias obras, y numerosos artistas son testigo y expresan en su arte la realidad práctica de este dicho. Sin embargo, la insistencia y la porfía del ser humano por adelantar este proceso, puede ser aún más dañina.
Hay un problema latente dentro del teatro y la cultura nacional, donde el primero debe adaptarse al segundo de acuerdo al lugar en el que se presente. Este problema, expresa Partiquino, requiere ser revertido manteniendo la originalidad de cada obra, y entendiendo en esta diversidad de cosmovisiones la identidad de cada territorio. Frente a la crítica por lo extranjero y lo envasado, el teatro debe funcionar como una resistencia a lo maleable de la cultura frente al exterior. La valoración de lo propio, más que su imposición.