En esta reflexión, Partiquino se cuestiona por qué en el ámbito musical, siempre se prefiere la música ya conocida, la antigua o la familiar, en desmedro de la nueva emergente. Entiende que, a diferencia de otras áreas, mientras más añosa sea la pieza, más valor adquiere al oído, y que, una vez pase el tiempo, la actual música será comprendida como hoy se hace con la antigua.
La valoración esporádica que se hace de los artistas, es una situación de que Partiquino propone en esta crónica, recordando a los compositores Vivaldi y Johann Nepomuk Hummel. La forma en que su recuerdo se disuelve y vuelve a hacerse contingente, tiene mucho que ver, según el autor, con el tiempo y los aniversarios que de cada artista se celebra, trayéndoles nuevamente al presente.