Partiquino, con humor y a través de un anécdota con un amigo al que llama Sebastián, cuenta sobre las diferencia con él para entenderse respecto a una diversidad de temas. Pero es en el contexto de un aeropuerto donde se centra la conversación, pues será la reforma a las políticas de la aduana para el ingreso de objetos lo que llevará a un conflicto sin solución para los dos amigos. Choques entre modernidad, adaptación y tradición serán transversales en la crónica.
Los aparatos reproductores de música se han convertido en un tormento para Partiquino, quien asegura que desde la popularidad de su acceso, tener que lidiar con la multiplicidad de gustos, variedades y volúmenes no ha sido tarea fácil. Si antes escuchar música era un momento casi ritual, el autor asegura que ahora es tan común que ha perdido su magia. Como suele hacerlo, se pregunta qué sentiría su inventor, Thomas Edison, si pudiera vivir el hostigamiento que genera la invasión de los sonidos.
Intentando comprender la naturaleza del chileno, Partiquino da cuenta de la forma en que es sumamente sobrio respecto al resto de los países latinoamericanos, que brillantes y relucientes en color, dan a conocer todo su florecimiento, mientras que Chile, prefiere abstenerse de esta explosión. El autor establece que el chileno prefiere lo opaco, evita el ridículo y se mantiene en una zona de confort que lo limita a traspasar los límites de la expresión.
Ahondando en la naturaleza de los animales, Partiquino resalta especialmente la conducta del lobo, que relacionada a la mala fama, es castigada por la historia. Sin embargo, el autor intenta reivindicar parte del carácter de este animal, que, comparándolo con el del ser humano, deja en duda la real animalidad del lobo, versus la civilización del ser humano.
Frente a la enorme cantidad de información que ronda en nuestro entorno, establecemos ciertos filtros que, por diferentes motivos, nos guían a descartas o a aprender distintas cosas. Para Partiquino, existe un conocimiento ético al que todos debiéramos acudir, sin ignorar que por no por desconocer sobre algo, esto deje de existir. Para el autor, es necesario enfrentarse a aquel conocimiento que nos hará reflexionar, por grave o difícil que sea enfrentarse a él.
En contraposición al título de esta crónica, Partiquino, a partir del recuerdo de una breve discusión, propone repensar la manera en que la vida es entendida como una competencia. Con el insistente esfuerzo de contradecir a su oponente en la discusión, el autor se esfuerza por hacerle entender que lo importante no es vencer a otro, sino avanzar.
Partiquino reflexiona acerca de la literatura femenina, haciéndole una radiografía y entendiéndola como el resultado del contexto social y emocional de las naciones. Aborda también la fórmula con que se crean estas novelas, mencionando a la escritora Rosemary Rogers y su propia visión de este estilo. Una de las principales características de la novela femenina será, según lo que la misma autora cuenta, el cumplimiento de las fantasías más íntimas de las mujeres, materializadas en personajes viriles, indiferentes y románticos.
El cine y el libro han entrado en conflicto desde que el primero ha cooptado al segundo. Partiquino critica y reflexiona sobre el creciente interés enfocado mayormente en el cine que en los libros, que si bien en un primer lugar era el primero que se adaptaba al segundo, esta relación poco a poco se ha ido invirtiendo. Ocurre entonces, que la industria de las imágenes cinematográficas ha logrado adentrarse tanto en el gusto de las personas, que ahora son los libros los que se adaptan al cine. Sin embargo, y como siempre, se trasluce la crítica a la superficialidad de sus contenidos.
A partir del proverbio chino que indica que cada ser humano antes de morir debe plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo, Partiquino reflexiona sobre cómo algunos de estos objetivos han fallado. En particular, el caso del libro ha sido conflictivo, donde muchas historias han ido a parar a las librerías de viejo, donde va a parar gran parte de la vida de las personas que, expresadas en lo material, son abandonadas en estos espacios. Los intentos por trascender del ser humano han sido variados, sin embargo, para el autor, el fracaso de escribir un libro es el más gráfico.
¿Qué interés puede motivar el decidir leer diarios antiguos? Para Partiquino, existe un interés por conocer los proyectos y ambiciones que antes se deseaban, y comparar con la actualidad si se han cumplido. Además de esto, conocer las inclinaciones que hace algunos años se tenían es tan importante como entender nuestra historia. Sin embargo, la fugacidad del periodismo es tal, que muchas veces no se alcanza a hacer notar su valor e importancia para la actualidad.