Ante la constante duda de los lectores hacia sus autores de por qué no publican más seguido, Partiquino propone esta reflexión. La defensa de los escritores es simple: no tienen nada que decir. Si bien se suele pensar que por ser su trabajo debieran ser constantes en sus publicaciones, esto está muy lejos de la realidad. La creatividad del escritor no llega de la nada, es producto de largos tiempos de introspección y de constantes errores. Sobre todo esto, Partiquino reflexiona, entiende y también, ríe.
Partiquino analiza reflexivamente los géneros que se dan en el cine, y de los cuales extraña aquel que 'hace llorar'. La crítica principal, y transversal en la crónica, reside en la pérdida de espacios comunes donde el llanto solía ser un natural símbolo de sensibilidad y de catarsis, y que ahora ha sido banalizado mediante telenovelas que, cotidianamente entregan una sobreexplotación de emociones. El final aborda, críticamente, la moda de la comedia como medio de ficcionalización de aquello de lo que la sociedad carece.
Con algo de humor, Partiquino aborda el tema de las brechas generacionales y sus marcas a partir del grado de escándalo que sienten al ver una falta ortográfica. De esta manera, establece una separación entre dos generaciones en las que la escritura y la imagen las diferencian desde lo más básico, la escritura. La reflexión, sin embargo, se centra también en el prejuicio que incita esta disimilitud y la necesidad de superarla, teniendo en cuenta que a ambas generaciones les separan las condiciones externas de desarrollo tecnológico.
En todos lados existe un orador aficionado, aquel que sin importar el contexto, es capaz de arruinar la ceremonia con un discurso mal logrado. Sobre esto, Partiquino reflexiona con humor, al mismo tiempo que critica a aquellos que, no prestando atención a su entorno, insisten en llevar a cabo sus discursos.
En esta crónica, Partiquino reflexiona acerca de la disolución de la carga negativa en insultos y garabatos que comúnmente se emplean con fines ofensivos. Con algo de humor, el autor sugiere que se generen nuevas palabras que cubran la escasez de recursos para ofender y desahogar la ira.
Los escándalos y los alborotos desatados en Estados Unidos, han dado paso a una nueva forma de creación literaria y cinematográfica basada en estos hechos. El sensacionalismo norteamericano, ha puesto la tierra fértil para hacer de estas problemáticas una nueva forma de lucro. Partiquino reflexiona sobre estos cambios en la mirada de sus producciones, y al mismo tiempo deja al descubierto que esto no sólo se debe al mercado antojadizo, sino que da cuenta de una forma de ser que no es del todo correcta.
En esta crónica, Partiquino busca hacer visible el incalculable valor humano e históricos de los ancianos de la sociedad. Para el autor, son ellos fuentes ricas en conocimiento y experiencia, y es necesario escucharlos y tomar de ellos sus perspectivas, que gracias al fruto de los años han podido madurar y modelar.
En esta reflexión, Partiquino recuerda Suecia, y más que el lugar que admite no conocer, lo hace mediante el cine. Será este el aspecto sueco que más valore, y del cual logre identificar figuras como Susan Sontag o Ingmar Berman, entre otras. El autor hace un breve análisis y radiografía de la filmografía del país, destacando esta área como una de sus favoritas.
Mediante una radiografía a la sociedad chilena, Partiquino da cuenta de la estrecha relación de asombro que tenemos con la muerte. Si en otros países se lucha por la legalización de la eutanasia y el suicidio asistido, en Chile la preservación de la vida a toda costa es central. Desde el vocabulario hasta las festividades, en Chile la muerte se vive en profundidad.
El rescate del tacto como un sentido que intensifica la percepción y la intimidad con el otro, o con algo, es abordado por Partiquino como una necesidad coartada por los medios masivos de comunicación, y también por qué no, por los constantes letreros de “no tocar”. Es un espacio en que la modernidad avanza inevitablemente, el tacto ha sido desplazado en nuestra sociedad y ha sido mediado por las imágenes. Sin embargo, la diversidad respecto a la respuesta que en el mundo se tiene frente al contacto con el otro, será abordada por Partiquino como una forma de entenderse como ser humano.