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Viña

Conformada por “tres comedias en traje de baño”, esta obra es probablemente uno de los textos más leídos del autor, ya que la primera parte “El delantal blanco” es frecuentemente incluida en textos escolares y programas y manuales universitarios en Chile y el extranjero. Con la dirección de Domingo Tessier, la obra fue estrenada en 1964 por la compañía El Callejón en su sala ubicada en el centro de Santiago.
El crítico de la época Tomás P. Mac Hale plantea que las obras presentan “un intencionado contrapunto entre individuos pertenecientes a distintos estratos sociales del país” y retratan una clase media “mediocre y adocenada”. La prensa de la época comentó ampliamente el hecho de que las comedias se interpretaran “en traje de baño”, algo que podría atraer al público de obras de corte más revisteril y que parecía muy osado en ese momento.

Vida personal

El archivo de Sergio Vodanovic resguarda diversos documentos de su vida privada, en especial aquellos que el autor conservó de su adolescencia y juventud. Sus años en el barrio de Los Guindos, en la comuna de Ñuñoa, marcaron su interés por reflejar la vida de la clase media en sus obras teatrales y teleseries; de esta época se conservan una serie de revistas autogestionadas por Sergio y otros jóvenes del lugar, quienes plasmaban sus intereses, preocupaciones, gustos y conflictos del barrio en estas páginas que ofrecen un testimonio de principios de los cuarenta desde una perspectiva poco estudiada, la de los adolescentes.
También se conservan cuadernos de notas, con poemas de otros autores y versos de su autoría, reflexiones filosóficas y pensamientos de la adolescencia. Además, el archivo resguarda muchas fotografías, entre las que se destaca un álbum con retratos tomados por el autor durante su juventud.

Prensa

El trabajo de Sergio Vodanovic en medios de prensa fue una constante a lo largo de su vida, incluso perteneció al Colegio de Periodistas de Chile. Estos escritos se pueden dividir en dos grandes grupos: la crítica teatral y cinematográfica, conformada por un número menor de textos que se encuentran repartidos en diferentes publicaciones y las crónicas, escritas principalmente en los diarios La Segunda y La Nación, que tienen un mayor número de documentos.
Los primeros acercamientos de Sergio Vodanovic a la prensa escrita fueron a través de columnas de crítica, en un principio de teatro y luego de cine. Pese a que este género periodístico suele ser menos flexible que la crónica, la escritura de Vodanovic no admitía restricciones y, en ocasiones, las obras aludidas no resultan más que una excusa para profundizar en algunos de los temas que despertaban interés del autor. La crítica teatral fue publicada en las revistas ProArte (1949-1952), El Debate (1955-1958), Primer Acto (de Madrid, 1953), El Reflector (1960-1961) y Telecran (1968-1969). En la revista Flash colaboró como crítico tanto de teatro como de cine (1963), al igual que en la revista Ecrán (1959-1961) donde en un momento tuvo una serie de columnas sobre cine firmadas como Lester Mann y una sección estable denominada “La página de S.V.” que se caracterizó por su hibridez.
Las críticas de obras teatrales suelen tener una estructura más clara y una función más disciplinar, ya que al destacar algunos montajes o enfatizar algunos aspectos del análisis por sobre otros, se puede observar el esfuerzo por contribuir a la caracterización de una escena nacional. La crítica cinematográfica, en cambio, sirve como punto de partida para revisar las costumbres y la moral de la época, siempre con la ironía característica de Vodanovic. Como la mayor parte de los estrenos en salas chilenas correspondían a producciones de Hollywood, uno de los temas que se reiteran es el contraste entre la sociedad representada y la realidad local. También se abordan con recurrencia los cambios en el estilo de vida modernos, promoviendo ciertas causas, como por ejemplo la igualdad de género, y comentando el desarraigo y la soledad que en ocasiones se exhiben.
Solo las columnas de crónicas publicadas en La Segunda y la Nación superan los 500 textos, a los que se suman las crónicas impresas en la revista Ecrán entre 1959 y 1961, que fueron más escasas, ya que en ese medio publicó principalmente crítica cinematográfica y teatral. Junto con estas contribuciones también podemos incluir algunas entregas más esporádicas a la revista Paloma en el año 1973.
Susana Rotker, en una de las definiciones más citadas en la esfera académica, ubica a la crónica como el “punto de inflexión entre el periodismo y la literatura” (25). Julio Ramos, cuya contribución al estudio de este género en Latinoamérica ha sido de gran influencia, señala a la crónica como un espacio permeable a la contaminación, intervenido por una multiplicidad de discursos y surgido de la fragmentación moderna (112-3). Las crónicas de Sergio Vodanovic, presentan una posición subalterna y un profundo sentido de desajuste frente a los procesos de instauración de la lógica neoliberal. Sin embargo, las contradicciones son enfrentadas por el sujeto cronista con un constante contraste con el pasado, algunas veces cargado de nostalgia, otras con entusiasmo respecto de las posibilidades de ruptura con tradiciones anquilosadas, pero en otras ocasiones con asombro y desconcierto frente a la violencia e inequidad que la desigualdad de la modernización ha traído. Valeria De los Ríos propone que las crónicas “aparecen en períodos de cambio, cuando se acometen empresas o surgen transformaciones que es necesario consignar.” (128). Podemos observar en estos escritos de Vodanovic cómo el autor testimonió los cambios experimentados en las últimas décadas en Chile.
Si revisamos los escritos en prensa de Vodanovic, podemos observar que la crítica cinematográfica, a diferencia de la teatral, resulta entonces en una escritura mucho más híbrida, cercana en ocasiones al trabajo de las crónicas en tanto comentario cultural, pero con más humor e ironía en sus revisiones. Esta diferencia con la crónica, que, aunque contiene importantes dosis de humor suele ser más seria y abordar conflictos más profundos y sentimientos más emotivos, no solo se explica por una distinción de géneros. Los textos de crítica corresponden a un periodo anterior en la producción de Vodanovic, un momento cultural de grandes cuestionamientos, pero en el cual existe una gran fe en los ideales y en la posibilidad de compartirlos como sociedad. Las crónicas, en su mayoría corresponden a años de dictadura y a la transición a la democracia, un primer periodo de mucha tensión y luego una época que Vodanovic vivió con desencanto y estupor frente a la identidad que la sociedad estaba forjando en democracia, donde los ideales que se habían compartido anteriormente no parecían tener lugar. Considerando las perspectivas actuales de investigación en torno a los géneros periodísticos, la posibilidad de reunir las crónicas y críticas escritas por Vodanovic constituye un aporte a la investigación en torno a estos textos, permite eventuales discusiones en torno a las relaciones ente estos escritos y la obra teatral del autor y se constituyen como interesantes documentos para la investigación histórica.

Perdón, estamos en guerra

Estrenada por la Sociedad de Arte Escénico en el Teatro Municipal de Santiago en 1966, con la dirección de Domingo Tessier y las actuaciones de Silvia Santelices, Elena Vidal, Roberto Parada, Ángela Morel y Rubén Unda, entre otros y otras.
En un pueblo asolado por la guerra, la comunidad decide brindar un espectáculo de variedades a los soldados invasores para recuperar los víveres que estos mismos les han arrebatado. Pese a festejar con los enemigos noche a noche, tanto los soldados como los pobladores juzgan a una pareja de jóvenes, que pese a pertenecer a bandos opuestos, logran comunicarse con honestidad y establecer un vínculo significativo. Esta obra tuvo una recepción crítica muy positiva, que destacó su humor satírico y las importantes críticas que plantea al falso patriotismo, al interés personal y las actitudes acomodaticias que contrastan con el amor de una joven pareja. Gran cobertura de prensa obtuvo también la escena de strip-tease, ya que el escenario del teatro, más cercano al ballet y la música, no había acogido escenas de este estilo anteriormente.

Nos tomamos la universidad

Esta obra marca un cambio en el proceso de escritura dramática para Sergio Vodanovic, ya que incorpora un trabajo más cercano con la compañía y una etapa de investigación que incluye entrevistas y foros de discusión con estudiantes de la universidad. Fue estrenada en 1969 en el teatro Camilo Henríquez por el Taller de Experimentación de la Universidad Católica con la dirección de Gustavo Meza, escenografía e iluminación de Bernardo Trumper, coreografías de Enrique Noisvander y las interpretaciones de Arnaldo Berríos, Ramón Núñez, Francisco Morales, Héctor Noguera, Raúl Osorio, Ana Reeves, Silvia Santelices y Violeta Vidaurre.
“Nos tomamos la universidad” muestra las tensiones entre los estudiantes en el contexto de la toma; los personajes encarnan diferentes actitudes frente a los conflictos y muestran perspectivas críticas del movimiento de la época. En los diálogos, que rompen con una estructura dramática convencional para incluir coreografías y monólogos sin cuarta pared, se cuestionan los prejuicios de género y los relativos a las edades de los personajes, se analizan los movimientos sociales previos y la poca representatividad de la clase obrera y se critica duramente a los liderazgos que terminan transando con las autoridades a cambio de una buena posición laboral para ellos mismos y olvidan los ideales que enarbolaron en sus primeros discursos.
En la época esta obra fue sumamente polémica y generó discusiones no solo dentro de una esfera estudiantil, sino también entre políticos nacionales. La crítica publicada en revista Ercilla el 19 de marzo de 1969 plantea que Vodanovic “tiene una gran virtud como dramaturgo: poner el dedo en la llaga, captar problemas actuales y de peso. En este caso la rebelión juvenil y el destino de la reforma universitaria constituyen un primer plano; detrás está la encrucijada de la democracia cristiana y, más al fondo, el tema de la revolución traicionada, del idealismo teórico enfrentado con las componendas de la práctica.”

Mi mujer necesita marido

Esta comedia fue estrenada en 1953 por la compañía de la dupla de directores de Alejandro Flores y Rafael Frontaura en el teatro Imperio con tanto éxito que la temporada debió extenderse varias semanas con funciones de tarde y noche. Este vodevil fue calificado por la crítica como una obra “Picaresca, chispiante y atrevida” y publicitada como “muy inconveniente para señoritas, pero… muy conveniente para ciertas señoras”. Su tema se describió de la siguiente manera en la prensa especializada: “Una dama que se sugestiona y se ve desnuda en la calle consulta a un médico; sana, luego, pero ve mentalmente desnudo al médico.” Como es de suponer, fue considerada una pieza muy atrevida por la crítica, que en ocasiones reaccionó con moderado rechazo por considerar algunas escenas “chocantes y de mal gusto”, pero siempre reconoció su elaborada construcción dramática y el humor agudo del autor.
Fue estrenada en 1957 en el Teatro Ariel en México y tras tener un gran éxito en cartelera fue llevada al cine en 1959, donde fue interpretada por el mismo elenco teatral de la producción azteca.

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