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Académico intelectual

Una parte importante de la documentación del archivo refleja las contribuciones que hizo Sergio Vodanovic como académico e intelectual. Durante años se desempeñó como profesor universitario y escribió ensayos y conferencias sobre autores teatrales y sobre la escritura dramática. Tuvo una participación activa y relevante en el emblemático Taller de Escritores de la Universidad de Concepción y durante su vida dictó varios talleres de escritura dramática para teatro y para televisión.
Su vida política, que se refleja principalmente en la extensa correspondencia que hace referencia a su trabajo dentro del comité cultural de la campaña de Frei, fue muy activa durante su juventud. A lo largo de su vida podemos ver su mirada crítica y comprometida con el desarrollo de las artes en Chile en diversas entrevistas y en su aporte en diferentes organizaciones culturales como la Sociedad de autores teatrales de Chile, entre otras.
Uno de los aspectos más atractivos de este subfondo lo constituye la correspondencia, que Sergio Vodanovic registró guardando tanto las cartas recibidas como haciendo copias de las misivas enviadas, por lo que es posible reproducir interesantes intercambios entre el autor y muchas voces de la escena teatral e intelectual de la época. Estos documentos dan cuenta del importante alcance que tuvieron las obras teatrales, pues los intercambios con diferentes salas, compañías y directores teatrales dan cuenta de la enorme cantidad de montajes que se realizaron en el extranjero, principalmente en Europa y a lo largo de América. También se registran algunos intercambios con los traductores y traductoras que emprendieron la labor de trabajar con sus textos. Entre las figuras de la época que se destacan se encuentran Luis Alberto Heiremanns, Roque Esteban Scarpa, Alfredo Lefrebvre, Pedro Mortherieu, Roberto Parada, Francisco Coloane, Gabriela Roepke, Fernando Alegría, Eugenio Dittborn, Efraín Barquero, Jorge Díaz, Fernando Debessa y Héctor Duvachelle. Parecen particularmente interesantes los intercambios que mantuvo con el destacado creador teatral Augusto Boal, donde comparten información sobre la escena local y la de Buenos Aires; también es interesante un documento en el que Haydeé Santamaría en representación de Casa de las Américas lo contacta para incluirlo en la conmemoración del Asalto al Cuartel Montada junto con una selección de otros autores comprometidos con las reivindicaciones sociales como Víctor Jara, por ejemplo. Hay registro de una extensa conversación con Ángel Rama, a quién Vodanovic le recriminaba dejar en un segundo plano a la escritura dramática y a los dramaturgos.
Otra arista que resulta interesante es la documentación que alude al trabajo que Sergio Vodanovic realizó como profesor de talleres. Existen registros de su colaboración en el primer proyecto de escritura creativa realizado en la Universidad de Concepción, que resultó muy influyente en la época. En una entrevista en la revista Hoy el dramaturgo hace referencia a esta experiencia:
Volví y fui el primero en hacer clases de esa técnica en un taller que formamos en la Universidad de Concepción con Fernando Alegría y que produjo un escándalo inmenso. Recuerdo a la Marta Brunet, indignada, diciéndome que ella jamás había tenido nada que aprender, que ella escribía cuando tenía necesidad, que qué significaba esto de un taller para escribir. Ahora un tipo estrena una obra o escribe una novela y al día siguiente hace un taller. Uno de los becarios del taller de Concepción era Raúl Ruiz. Un día me lo encontré en un aeropuerto y me saludó. De repente me dijo: ‘‘¿Sabes que eres una gran influencia en mi vida?”. Yo me quedé así, porque sus películas no me llenan nada. “Lo único que he hecho en mi vida es tratar de demostrarte que es posible hacer cine y teatro sin conflicto”, siguió. (50)
La conformación de este archivo da cuenta de la influencia que ejerció en las generaciones posteriores al acompañarlas en su proceso de formación en esta instancia de aprendizaje.

Viña

Conformada por “tres comedias en traje de baño”, esta obra es probablemente uno de los textos más leídos del autor, ya que la primera parte “El delantal blanco” es frecuentemente incluida en textos escolares y programas y manuales universitarios en Chile y el extranjero. Con la dirección de Domingo Tessier, la obra fue estrenada en 1964 por la compañía El Callejón en su sala ubicada en el centro de Santiago.
El crítico de la época Tomás P. Mac Hale plantea que las obras presentan “un intencionado contrapunto entre individuos pertenecientes a distintos estratos sociales del país” y retratan una clase media “mediocre y adocenada”. La prensa de la época comentó ampliamente el hecho de que las comedias se interpretaran “en traje de baño”, algo que podría atraer al público de obras de corte más revisteril y que parecía muy osado en ese momento.

Los fugitivos

Esta obra presenta las tensiones que surgen entre un grupo de jóvenes que durante el verano decide montar una obra teatral en el garage de una casa y sus relaciones con sus familiares y vecinos. Al igual que otras obras del autor, este texto retrata la vida de barrio de la clase media y problematiza el contraste entre el idealismo de la juventud y las frustraciones e imposiciones de la vida adulta. La obra fue dirigida por Domingo Tessier, estrenada en la sala Bulnes en 1965 e interpretada por la compañía Teknos, de la Universidad Técnica del Estado (que hoy es la USACH), un grupo conformado por jóvenes actores, en su mayoría debutantes.

Deja que los perros ladren

Si El senador no es honorable constituyó la consolidación de Vodanovic como dramaturgo, esta obra marca un hito en su carrera porque permite perfilar la dramaturgia del autor al continuar con el estilo y los temas que son predominantes en su trayectoria. Estrenada en 1959 en el teatro Camilo Henríquez por el Teatro del Ensayo y dirigida por Pedro Mortheiru y con las actuaciones de Sylvia Piñeiro, Mario Montilles y Héctor Noguera, entre otros.
El diario El Mercurio en la época declaraba “Los comentarios del público y la crítica son unánimes: la mejor obra nacional de la actualidad” y la crítica la definía como “Una visión descarnada y dramática de la corrupción administrativa en nuestro país”. En esta obra Vodanovic retrata la realidad de los empleados públicos que como abogado de la Caja de Empleados Públicos veía de cerca.
El protagonista, Esteban, quien lleva años desempeñándose como funcionario, es presionado por el ministro, un antiguo amigo de juventud, para que cierre un periódico local que acaba de denunciar irregularidades en el gobierno. Pese a tener muchas aprensiones, Esteban cede a las presiones y pronto el bienestar económico se ve reflejado en su casa y su hijo Octavio, fascinado por las mejorías en el nivel de vida, opta por dejar los estudios para dedicarse a los negocios en lugar de continuar con la labor de su padre. Al ver el estilo de vida de su hijo Esteban toma consciencia de la importancia que tiene el permanecer firme en los valores que quiere que rijan el actuar de su hijo, y que los discursos políticos de rectitud y servicio público deben verse reflejados en su labor.
Representada en varios países de América Latina, España y Estados Unidos, esta obra fue también llevada al cine por la industria nacional con el elenco original.

El príncipe azul

Esta primera comedia de Sergio Vodanovic fue estrenada en el Teatro Municipal de Santiago en 1947 con la dirección de Germán Becker y la actuación de un grupo de actores y actrices del Teatro de Ensayo de la Universidad Católica.
La recepción crítica fue muy positiva en la época, puesto que reconoció el potencial del autor en la escritura dramática: “Estamos en presencia de un nuevo autor teatral de promisorias y excelentes aptitudes para el difícil género”
Respecto de esta obra, Vodanovic comenta años después: “La experiencia, que se gestó como una aventura juvenil, tuvo la virtud de marcarme. Tan pronto vi parados en el escenario del Teatro Municipal a actores que decían los parlamentos que yo escribí, sentí que en ese juego apasionante se encontraba mi posibilidad de trascender, de comunicar a otros mis sensaciones y mis ideas. Tal vez de influir.” (Entrevista en La Nación, 7 de agosto de 1966, pg 17)

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El senador no es honorable

El estreno de El senador no es honorable en 1952 representa la consolidación de Sergio Vodanovic como dramaturgo. Con la dirección de Hernán Letelier y con un reparto del Teatro Experimental, entre los que se incluyen Silvia Infantas, Gabriela Montes, Marina Gonzáles, Mario Montilles, y Jaime Celedón, entre otros. La obra tuvo una primera temporada breve en el Teatro Rex en el marco del Festival de Teatro Chileno para luego permanecer en cartelera en el Teatro Municipal de Santiago.
Con esta obra Vodanovic obtuvo el Premio Municipal al mejor autor teatral del año y tuvo una excelente recepción crítica, en la que se destacó el trabajo de construcción dramática y el fuerte cuestionamiento que se realiza a la clase política. En esta obra el protagonista, Lorenzo, descubre que su recién fallecido padre, el Senador Cruz, ha usado su posición de poder para beneficiarse económicamente a través de negocios cuestionables y debe decidir entre heredar la carrera política de su padre y continuar con la corrupción o denunciar esta irregularidad y deshonrar a su familia.

Ecran

En la década de los sesentas Sergio Vodanovic colaboró en la revista Ecrán como reportero y crítico de cine y teatro. Las publicaciones de comienzos de la década eran firmadas con el seudónimo de Lester Mann, donde asumía una voz de crítico de cine hollywoodense y hacia finales del decenio tuvo la sección estable “La página de Sergio Vodanovic”, donde comentaba los estrenos teatrales en Chile. Muy notable fue la serie de reportajes que escribió tras una breve estadía en Las Vegas, donde comentaba el estilo de vida y los lujos de la ciudad. En todos estos trabajos periodísticos, el autor partía de las obras y películas para hacer interesantes comentarios sobre la actualidad y plantear agudas reflexiones sobre la sociedad de la época, siempre manteniendo el tono humorístico que lo caracterizaba.

La Segunda

Durante los años 1978 y 1979 Sergio Vodanovic publicó diariamente una crónica en el diario La Segunda. En un lapso de catorce meses aproximadamente, el autor escribió más de trescientas crónicas. Esta publicación se incluía generalmente en la segunda página del periódico y estaba firmada con el seudónimo de Partiquino. Como la firma lo indica, el sujeto que enuncia las crónicas participa de la ópera de la vida en la ciudad, pero desde un rol secundario; tematiza su vínculo con la intelectualidad y hace frecuentes referencias cultas a las artes visuales, la música, el teatro, el cine y la filosofía, pero sus comentarios no guardan una relación directa con la contingencia. Escritas en plena dictadura, las crónicas no hacen alusiones a ese contexto, sin embargo, es posible observar en una primera lectura la insistencia en algunos temas que pueden ser interpretados como reflexiones sobre el régimen militar, como, por ejemplo, las alusiones al Holocausto y los abusos en contextos de ocupación militar. Los temas que se abordan son muy variados, pero es posible observar que el teatro y la literatura ocupan un lugar importante. Pese a que se escribe desde el anonimato y que no se suelen dar detalles que delaten la identidad del autor, se presenta una subjetividad que desarrolla una voz propia que se acerca a lectores y lectoras con un lenguaje cercano y coloquial, comentando su infancia, sus creencias, sus lecturas y su experiencia de desajuste frente a la modernidad y la invasión publicitaria.

La Nación

Entre 1991 y 1998, Sergio Vodanovic publicó quincenalmente en La Nación en su sección de opinión, llegando a escribir más de doscientas columnas para este medio. De una extensión mayor y en ocasiones acompañadas de una imagen fotográfica, estas crónicas recibieron el título de “Racontos”. La revisión del pasado de estos textos siempre se realiza anclándose en el presente, a veces con nostalgia y siempre con una visión muy crítica de la realidad. Estos escritos están firmados al comienzo de la columna con su nombre y al fin señalan su profesión: dramaturgo. Escribir definiéndose como hombre de teatro implicaba para Vodanovic un profundo compromiso con la reflexión sobre la contingencia que encuentra su sentido en la recepción. En una entrevista con la académica Marjorie Agosín, Vodanovic afirma: “Yo creo que una de las posibilidades que te da el teatro, y por lo menos es lo que a mí me interesa, es dirigirte a tus pares. Cuando escribo teatro me estoy dirigiendo a un público que creo que conozco, o sea la gente como yo.” (68). La subjetividad que se construye en estas crónicas se define por su trabajo como artista y por la distancia que le da experiencia, en una escritura en la que se superponen las temporalidades para expresar una visión de la realidad con críticas duras y explícitas, muy agudas y que en una lectura actual resultan tremendamente vigentes. Vodanovic denuncia la corrupción, la falsedad de la estructura democrática del Chile postdictatorial, indaga en las diferentes dimensiones de violencia en la sociedad neoliberal y se abisma con el crecimiento desmesurado y desigual

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